Los síntomasque permitían detectar a una persona que estaba bajo los efectos de un embrujo y servían de testimonio ante el Santo Oficio eran increíbles:
Si los médicos no conocen el tipo de enfermedad
Si lanza suspiros tristes y desgarradores sin ninguna causa legítima
Si pierde el apetito y vomita o regurgita la comida
Si presenta fiebres inexplicables
Si se pone de color amarillo y ceniciento por el cuerpo, pero principalmente en la cara
No sostener la mirada fija al tener un sacerdote enfrente
Si llegan a faltarles fuerzas por todo el cuerpo, con suma languidez
Ser impotente
Si suda cuando hace fresco
Si tiene convulsiones, etc.
Todo esto era señal de que estaba poseído por el demonio o se tenía comercio con él. Ante la naturaleza de estos "indicios", en muchos de los cuales pueden reconocerse enfermedades y trastornos hoy conocidos, uno no puede extrañarse de que se cometieran un sinnúmero de errores y aberraciones.