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Era considerado el dios de las alocuciones divinas, que permitía a las deidades y hombres lograr lo que deseaban y procuraba ayudar a quienes se lo solicitaban, ajustando su voz al timbre y ritmo adecuado para que las oraciones tuvieran pleno efecto.
Personificaba la inteligencia divina en razón de su gran sabiduría, resumida en un misterioso
texto. Los griegos lo identificaron más tarde con Hermes Trismegisto.
Se lo representa como un ibis, el ave sagrado del Nilo. Pero su apariencia suele ser habitualmente la de un hombre con cabeza de ibis, o la de un mandril con cabeza de perro.
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