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La adivinación ha existido, y existe aún, en todas las épocas y culturas y en todos los estratos sociales. Los métodos fueron perfeccionándose y separándose de lo meramente adivinatorio. Toda técnica requiere un modelo a seguir. Lo que antes era patrimonio del intérprete, se transforma en un patrón de coincidencias que se agrupa estadísticamente y forma los prototipos que servirán para las interpretaciones básicas.
Así, deja de ser un arma de adivinación (incomprensible para el profano) para convertirse en un camino de orientación, donde comienza el análisis de símbolos, formas y hasta eventos históricos o culturales de la época y entonces quien lee las cartas, haciendo su propia interpretación, se llamará cartomante y el que analiza los símbolos y figuras, tarotista; los que realicen predicciones supuestamente "precisas" a través de los astros harán Astromancia y los que analicen los parámetros y marquen posibilidades, Astrología.
Es muy difícil marcar el límite, para hacerlo hay que conocer la técnica y saber cuándo el operador está manejándose con datos, o significados básicos, y cuándo está produciendo algún fenómeno paranormal (telepatía, clarividencia o precognición).
Tampoco hay que olvidar que muchas de estas mancias, llamadas por los "sabios" "género de predicciones, supercherías incongruentes y subsistentes contra toda base racional" (adivinación- Diccionario de Parapsicología, Morel y Moral), fueron la cuna de algunas ciencias: la Astrología de la Astronomía (con la que permaneció ligada hasta comienzo de la Edad Moderna), la Numerología de la Aritmética (previo paso por la Aritmomancia), y otras.
Para su análisis, y de acuerdo a su metodología, las dividiremos en:
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